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Es paradójico ver y comprobar, que por lo general, lo más caro de comprar, adquirir o poseer en nuestra vida, resulta ser aquello que es más difícil de encontrar, por escaso en nuestro mundo (oro, diamantes, percebes, Joyas……….), y sin embargo, de repente un simple cambio social, económico, político o de la propia naturaleza, puede hacer que lo que antes era repudiado pase de la noche a la mañana a ser codiciado.

(Corolario) En realidad somos tan poco coherentes como parece o nuestra propia sociedad nos entrena para ello!

Como un ejemplo extrapolable, pensemos en nuestras papilas gustativas y pongámoslas a escena como artistas invitadas.

Socialmente, si uno rechaza participar a comer de un plato considerado exquisito (por lo general caro) por el grupo, se le asocian papilas gustativas pobres, mientras que si rechaza comer de un plato pobre no produce desconsideración hacia los demás, como mal menor se le achacan gustos finos y exquisitos.

Los mayores recuerdan con sonrisa, como ciertas comidas como el pulpo, los oricios, las anchoas y las angulas eran entre otros, despreciados por ser comidas de casas pobres y ahora resultan ser en las más de las ocasiones «manjares de dioses».

Queremos que nuestros hijos sigan perteneciendo a una sociedad así? Tenemos que diferenciarnos entre nosotros también en la clase de comida, cuando el simple hecho de comer es una suerte en un mundo en el que mueren diariamente 6.000 niños de hambre. Y a nosotros nos sobra!!!!!

¿No hay bastantes diferencias para crear más círculos a nuestro alrededor?

Yo de momento le doy gracias al destino a que los mejillones, los potes y las lentejas, no sean manjares de dioses, (de momento……..??!!!)

Rubén Cano

Entorno al arte se extiende un mercado que juega con sus valores. Hay que destacar que las personas que acuden a las subastas de Sotheby’s y de Christie’s a disputarse las obras de arte más caras del mundo son ávidos inversores y coleccionistas que saben muy bien lo que hacen. Como ejemplo expondré el caso de Herbert Lust, famoso coleccionista de pintura moderna y antiguo agente de la Bolsa de Nueva York: «mi experiencia, ya compartida por muchos otros, es que el dinero invertido en una obra de arte de calidad produce muchísima mayor rentabilidad que la inversión en Bolsa. Hace todavía pocos años el índice de la inflación se mantenía en un 3 por ciento anual, pero en los últimos años ha crecido hasta superar el 8 por ciento, lo que hace muy difícil no digo incrementar, sino simplemente mantener el poder adquisitivo del dinero. Las inversiones más afortunadas en la Bolsa americana han incrementado su valor en un 60 por 100 durante los últimos ocho años, pero las obras de arte lo han hecho en una proporción que oscila entre el 200 al 2000 por 100».
La circunstancia de que la obra sea única e irrepetible, en una sociedad donde todo se produce en masa, es un factor determinante para establecer los precios: que vienen determinados en gran medida por su escasez. No hay manera de aumentar la cantidad de determinada obra y en consecuencia su precio no puede ser reducido por una mayor oferta. Así las características propias de este peculiar objeto irrepetible hacen que le sea necesario recibir un trato especial desde el momento en que es absorbido como mercancía por los mecanismos comerciales. A partir de este momento el valor de la obra ya no se sitúa tanto en sus cualidades estéticas, en el placer que provoca su contemplación… sino en lo que se paga por ella.
Pero se produce un fenómeno extraño: la fetichización del objeto artístico, ya que a pesar de que sabemos que una obra se valora por encima de otra según lo que se ha pagado por ella, seguimos remitiéndonos a su calidad intrínseca. En otras palabras, la obra ha dejado de ser un valor de uso para convertirse en un valor de cambio.


Montse Domingo

A lo largo de toda la historia se ha intentado dar una definición del arte. Así, en el mundo clásico se consideraba arte la habilidad manual del hombre para producir objetos (oficios manuales). Podemos ver que el concepto de arte no es nada estable y que en diferentes épocas históricas ha ido variando, de modo que se ha hecho más difícil definirlo. Esta dificultad se ha visto incrementada durante el siglo XX, con la aparición de nuevas formas artísticas como la fotografía, el cine, la televisión, etc. Además se han dado unos cambios tan grandes que han hecho que las definiciones de períodos anteriores no engloben el arte de vanguardia, como la que establece que el arte es la producción de la belleza y que imita a la naturaleza. De esta manera se ha llegado a hablar de la imposibilidad de dar una definición válida del arte. Incluso algunos artistas como Malevitx que llegaron al lienzo en blanco: la esencia del arte ha desaparecido.

Tenemos que tener en cuenta que el arte moderno nació como ruptura de los valores anteriores, como una oposición al gusto y a las modas. Es la pura negación de todo lo anterior, hasta llegar a la conclusión de que el arte ha muerto, que se puede practicar por cualquier persona. Hans Arp afirmaba que «todo es arte». Esta frase refleja la situación actual, donde el arte es libre y puede adoptar muchas formas.
Por otra parte, también existe la creencia de que el arte es un mundo aparte de nuestra vida, de manera que se aísla, se coloca sobre un pedestal y se cierra en un museo. Frente a esta concepción del arte existe otra teoría totalmente opuesta que une el arte y la vida, así tenemos los happenings, o se crean obras de arte orgánicas que se van descomponiendo con el tiempo.
En la época actual el arte se rige por la norma de la oposición, de la innovación, hasta llegar a extremos impensables como el arte sin la obra de arte.
Ante esta situación cuando nos planteamos que es arte y que no lo es nos encontramos perdidos. Es cierto que cualquier cosa puede serlo si detrás tiene una justificación teórica convincente que lo demuestre. El arte se ha convertido así en concepto, y delante de una obra de arte, tanto si esta es o no un objeto, será considerada arte en la medida que exprese una idea o concepto, que puede ser incluso la negación de esta idea o concepto.
La conclusión que podemos extraer de todo esto, es la dificultad que supone definir un concepto como el de arte de una manera general, que encontrar el límite entre lo que es arte y no lo es, es un tema que se ha estudiado mucho y que aún no se ha solucionado.


Montse Domingo

Se encontraba tumbado en la hamaca, la picada de la viuda negra lo estaba reduciendo a un simple pedazo de carne delirante. El auxiliar de enfermería, estaba a punto de llegar con el antídoto. Pero ese a punto, se hizo una eternidad.

Entre en medio de sudores y delirios de pensamientos inconexos, pareció recuperarse por un momento; el dolor cesó y el mundo pareció relantizarse hasta tal punto que parecía que el tiempo estuviera congelado. Sin que pudiera reprimir el impulso, se levanto de la hamaca con suma facilidad, cogió con la mano un mango inexistente de puerta y esta se abrió. Un vacío pareció abrirse ante él, de la nada arrancó el marco de una puerta y luego la cruzó. Detrás de él la puerta volvió a cerrarse y la oscuridad se adueñó del lugar indefinido. En medio de la nada, sin sentir ni sus piernas, ni sus manos, solo su conciencia y su ser interno, pareció recuperar el habla.

– ¿Donde estoy?-Preguntó en voz alta.
– Lo sabes muy bien donde estás – Una voz indefinida pareció salir de todos los ángulos. – Y sabes muy bien con quien estas hablando – Terminó alzándose un silencio sepulcral.
– Pero, yo no estoy muerto. Qué es este lugar.
– Una zona indeterminada. Un lugar que ha creado posiblemente tu mente al encontrarse al límite. Un lugar, donde se hayan todas las respuestas que el hombre siempre ha buscado. Un lugar, que poseen todos los seres humanos, aunque nadie lo sabe – La palabra lugar, retumbó durante unos instantes en el vacío infinito.
– Que quieres decir… – Las dudas lo asaltaron como nunca.
– Que las respuestas siempre están allí. Solo debes descubrir como sacarla a la luz. – Contestó la voz.
– Sí… como la vida después de la muerte. – No parecía tener sentido ni la situación ni las palabras – Si tanto sabes, ¿qué hay detrás del fin?
– Jajajajaja. – Una carcajada retumbó otra vez en el vacío. Esta pareció poner límite al infinito al devolverse un eco muy, muy lejano.
– ¿Qué, solo sabes reir…? – Replicó desesperadamente.
– Después de la muerte hay la fe. – Contestó la voz.
– Que quieres decir… – Esta vez si que se encontraba confuso.
– ¿No entiendes aún? Después de la muerte viene el mundo con el que hemos creído durante toda nuestra existencia. Católicos, Judios, Musulmanes, … todos ellos se reencuentran después de la muerte. Nuestra mente trabaja durante toda la vida para recabar información de cómo debería ser el mundo después de la nada.
– ¿Y los Tibetanos…?
– Esos vuelven a nacer
– ¿Y los ateos y los escépticos…?

Un silencio contestó la pregunta. Sin que él fuera dueño de sus actos, volvió hacer ademán de abrir una puerta, y esta se abrió. Al otro lado se encontraba la habitación y la hamaca. Cruzó el marco y detrás suyo la puerta interdimensional volvió a cerrarse. Se tumbó en la hamaca. El tiempo volvió arrancar otra vez con una aceleración lenta, a fluir como un río. Los dolores reaparecieron, así como los delirios y pensamientos inconexos.

En ese momento, llegó el antídoto.


Don Berto Rascazzione

Para empezar quiero explicar, que considero los nacionalismos, como la mayor de las pobrezas humanas, ya que significan la exclusión de una parte de humanos, por otra parte de humanos, simplemente por cuestiones económicas. Los nacionalismos utilizan las culturas como señales de identidad, y por lo general, intentan crear un arte propio, dirigido y orientado a la causa. Parece mentira, comprobar que después de 5.000 años, aún no nos hemos dado cuenta, que solo hay un planeta, en el que hemos nacido, sin escoger religión, color y demás, y que todavía haya gente cada vez más egoísta, que utilice la cultura y la tradición como barrera. Es como si le diéramos la vuelta a una taza, para que no entrara nada. Creo que las tradiciones son buenas, y que deben mantenerse si se quiere como señal de identidad, pero muchas veces nos estamos olvidando, que ante eso se encuentra la justicia, la libertad de opinión, el enriquecimiento de culturas, el intercambio de ideas, y la sonrisa…

Francamente, creo que el nacionalismo es otra forma de poder de hombres sobre hombres. Quizás un día me levante de mi cama, y me autoproclame «Chonista Independiente», en mi propio narcisismo, y me crea dueño de mi habitación…, y nadie puede entrar en ella sin mi permiso y menos opinar… ¿Hasta donde llega el grado de estupidez humana?. Somos el sistema, en nosotros mismos, y tenemos lo que queremos. La única forma de cambiar este mundo es con la enseñanza a nuestros hijos, y quizás dentro de 2.000 años, el único nacionalismo que exista sea el de la Vía Láctea, frente a la Vía Generalísima Particularísima Enormus.

¿No somos capaces de ver y comprender, que si nacemos es para hacer algo más importante que seguir poniéndonos barreras unos a otros?

Rubén Cano

Hay quien dice que el propósito del arte ha de ser la representación de lo sublime, aunque la finalidad del arte ha variado a lo largo de los tiempos y las modas; la copia de la realidad, la representación de la belleza, o de lo grotesco y horrendo, la búsqueda del equilibrio… son ejemplos de lo que puede buscar el artista cuando se dispone a crear arte.

De entre los infinitos propósitos que podemos encontrar, nos referimos aquí a la búsqueda de lo sublime, concepto surgido en el siglo I a.C., para definir algo de contenido y forma admirables, pero que goza de gran sencillez, fue en la época del romanticismo cuando se adaptó este concepto a lo que entendemos hoy en día, referido a ese sentimiento existencial que nos provoca la visión de la naturaleza en su máximo esplendor. Es un sentimiento que aparece en las personas al encontrarse cara a cara con la naturaleza, un sentimiento que nos hace sentirnos pequeños ante la grandeza que nos envuelve, un sentimiento de miedo y admiración.

Este sentimiento ha sido analizado a lo largo de los siglos por filósofos y pensadores como San Agustín, Aristóteles o Burke. Éste último autor dice: «cuerpo y espíritu, dolor y terror se conjugan para generar en nosotros la idea de lo sublime».

Una vez definido a que nos referimos con «lo sublime», veamos cómo se ha representado esta sensación en el arte: En la pintura romántica, sobretodo en el paisajismo, es muy común encontrar personajes que aparecen asomados a grandes precipicios o caminantes en paisajes desolados o desérticos, ruinas o derrumbes montañosas, visiones que nos harán reflexionar sobre nuestra situación en el mundo. El ejemplo paradigmático lo encontramos en Caspar David Friedrich en cuya obra vemos representada la figura de un hombre que se asoma a un acantilado desde el cual observa un paisaje impresionante. Podríamos decir que el personaje de este cuadro observa lo sublime.

Los cuadros de Friedrich se caracterizan por que transmiten cierta serenidad en el espectador, el espectador no se encuentra enfrentado a lo sublime, sino que hay un intermediario, un espectador dentro del cuadro que hace frente a los temores provocados por tal visión, pero que permite al espectador experimentar de forma empática lo que debe sentirse en ante ese espectáculo.

Muy diferentes son los cuadros de William Turner, que no dejan al espectador gozar de tanta serenidad ante un espectáculo tan impactante. Turner también representa paisajes en sus cuadros, pero sus paisajes reflejan con mucha más intensidad; la agresividad y la fuerza de la naturaleza.

Representa la naturaleza con su cara más fiera, el mar embravecido y la lucha del ser humano por la supervivencia. Símbolo de la lucha interior que surge de la experiencia sublime.

Dando un salto en el tiempo, nos encontramos con la obra de Mark Rothko, enmarcada en el expresionismo abstracto, encontramos muchos puntos en común con Friedrich y con Turner. Rothko pretende representar un sublime que aparezca directamente ante nosotros, sin ningún intermediario como puede ser el espectador dentro del cuadro, o el propio barco que lucha en el mar contra la fuerza del mar. En la obra de Rothko estamos indefensos ante el sentimiento sublime.

Se trata de grandes obras que ocupan toda una pared y que nos ofrecen la visión de un horizonte indefinido, solo visible por los colores y las texturas de la pintura. Ante esta obra, nos encontraríamos delante de un horizonte que podemos calificar como sublime, y así podemos observar que sentimientos despierta en nosotros. El sentimiento del drama humano, del drama que aparece en cualquier persona ante la visión de nuestro destino, ante la visión de nuestra insignificancia en el mundo, de nuestras limitaciones ante la visión del infinito.

Según Rothko, la gran tragedia humana consiste en que somos seres limitados por el nacimiento y la muerte pero en cambio tenemos una imaginación ilimitada.

Así que ante una obra de Rothko no nos queda mas remedio que reflexionar sobre nuestra existencia y experimentar esa sensación de atracción y temor que nos ofrece la presencia de lo sublime.

Pink

Quién no ha oído decir alguna vez la frase: «Eso también lo puedo hacer yo»? O quién no ha entrado alguna vez a un museo y no sabía donde mirar, si a un montón de «basura» en el suelo o hacia una silla colocada estratégicament en un rincón? Porqué esa basura es arte? Porqué un grupo de personas lo llaman así?
Recuerdas el cuento del rey desnudo? Aquel donde unos timadores hacen un vestido al rey con una tela mágica que solo veían las personas inteligentes, aunque en realidad no existía tal tela, todo el mundo simulaba verla, para que no les consideraran poco inteligentes. Sucede lo mismo con el arte? Las personas que visitan los museos tienen que disimular entender lo que ven para no parecer un ignorante? La respuesta es NO, no estamos en un cuento, aunque existan muchos cuentistas. El arte, esa basura puesta en el suelo, esconde un misterio, una adivinanza, un enigma, un secreto que nosotros tenemos que desvelar para nuestro propio goce.
Pero no pienses que esto solo sucede ahora, siempre ha sido así, el arte supone una modificación de la realidad con una intención, con la intención de crear una realidad paralela que esconde el misterio de su creador. Si la realidad esconde el gran misterio de la vida, el arte esconde pequeños enigmas o juegos que el espectador puede revelar. De lo que aquí se trata es de un juego, un juego del conocimiento y de los sentidos.

Pink

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