Obra: “Atado” / “Tied man” – 2002 73 x 65 cm. Oil painting

Artista: M. L. Acosta

Manuel L. Acosta es un pintor con varias vertientes artísticas, es un artista comprometido, un artista de su tiempo, que nos obsequia con las más profundas reflexiones y críticas actuales, así como nos muestra la belleza de su tierra pirenaica, en definitiva, Manuel L. Acosta nos muestra su realidad.

La obra que aquí tratamos “atado”se nos presenta como la figura de un hombre deformada, atada, sin fuerza, rendida ante su destino, que no es otro que la muerte.

La figura aparece tendida sobre una superficie que podría ser madera, con las extremidades encadenadas y en mal estado. Todo su cuerpo tiene una expresión cadavérica, que nos refiere a la muerte, signos de esta misma muerte son la inactividad de la persona, la ausencia de ojos y boca, incluso los pulmones carecen de oxígeno en su interior, dejando desnudas débiles costillas. Nos encontramos ante un cuerpo, que si no está muerto, le falta poco. Lo que aun apreciamos, son los restos de lo que fue, un hombre joven, con una poderosa musculatura, que a causa de las cadenas y el tiempo pierde toda fortaleza convirtiéndose en piel y huesos.

Entre otras referencias como podría ser un asesinato martirizado o la misma pasión de Jesús (la madera sobre la que está podría ser una cruz), esta pintura nos evoca una cuestión metafísica: aparece el poder de la muerte en su vertiente más contradictoria, pues no se trata de una muerte natural sino forzada, una muerte producto del esclavismo, del encadenamiento progresivo, sobre un ser que ha sido atado porque ese era su destino, nos estamos refiriendo a la cuestión del alma, y al encadenamiento que sufre desde su mismo nacimiento, un arraigo a un cuerpo que no hace sino que limitarla. Ésta es y será nuestra tragedia humana.

” La corporeidad es límite del espíritu, y no sólo hace que el ser humano tenga que estar sometido al proceso del desarrollo en el tiempo y en el espacio, sino que también a las necesidades, a las enfermedades, al desgaste, al mal y a la muerte. Éste es el límite mayor que tiene la condición humana por razón de su corporeidad”
Santo Tomás de Aquino

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