Obra: Azotea de la CASA MILÀ, LA PEDRERA (1906-1912)

Artista: Antoni Gaudí

La azotea tiene forma de elipse. El suelo de ésta forma unas grandes ondas por las cuales nos podemos desplazar libremente gracias al nutrido conjunto de escaleras que forran el suelo. En la cresta de cada ola se levanta una gran figura que no tiene forma definida. Cada una de estas figuras, a un lado tiene adherido un túnel que enfoca a las obras que Gaudí diseñó y llevó a cabo en Barcelona.
Otra escultura, formada por un conjunto de pequeñas figuras, forma un pequeño batallón caras. Hay más detalles, pero mi memoria no alcanza a ellos. Lo que si que alcanza a describir mi retentiva, es la tensión de momentos antes de la batalla:

El mar encabritado como nunca, formado por grandes olas de impasividad que se balancean de un lado hacía otro con la mezcolanza del ambiente de guerra. A un lado, gigantes de piedra agrupados de cuatro en cuatro con cimitarra escondida bajo el manto de roca para mantener un pulso con el coloso de enfrente, cual encarna al más fiel caballero de las cruzadas. Entre ellos solo un abismo mantiene la ralla entre la tensa calma y la guerra que en cualquier momento explotará.

Esta es la sensación que uno tiene, mientras pasea por una azotea donde parece que el tiempo está helado y el espectador del cuadro se vuelve protagonista de la obra. Porque cuando uno se desplaza por encima de unas olas y ve que el monstruo esta quieto y no se mueve, la sensación que despierta es inquebrantable.

Don Berto Rascazzione