Mie 22 nov 2006
Obra: Tormenta bajo Kapiti– 11/2001 — Óleo en sondeo desfragmentado– 87X54CM

Artista: William Gee Painter
Hoy salía de mi casa para dirigirme al trabajo y durante el trayecto he observado que había mucho tránsito. En el pueblo donde yo vivo durante 11 meses esto es inusual, pero cuando llega el mes de agosto, la gente de las grandes urbes nos invade. Reflexionando sobre este hecho, pensaba en como debe ser la vida de estas personas durante los otros 11 meses restantes los cuales conviven con la esclavitud capitalista de la ciudad. Me imagino un otoño gris, un asfalto triste. Me imagino un invierno helado, unos árboles melancólicos. Me imagino una primavera lluviosa, charcos que duran y perduran entre depresiones de calles degradadas por el tránsito estresante y duradero.
Entonces es cuando entiendo el por que de escapar durante ese mes de ficticia libertad. La gente no deja de ser gente por vivir en grandes ciudades y si van y vienen a los pueblos de costa o se acercan al monte o al pueblo, es para recordar sus orígenes y si ya no son los suyos entonces para catar un poco de paz, serenidad, tranquilidad. Por eso elegido este cuadro; para cuando lleguen a casa cada día después del trabajo durante los 11 meses restantes, puedan rememorar los sentimientos del mes de agosto. Una ventana al mundo, mi mundo. Creo que todo el mundo debería tener un cuadro como este en su casa.
Aunque William Gee no posea la capacidad de crear desde un punto 0, ya que todas sus obras son reproducciones de paisajes y pasajes verdes, la obra, si que tiene la capacidad para recrearla con calor y nostalgia. El artista invoca los 4 elementos, agua (el mar), tierra (montañas y arena), aire (cielo tormenta) y fuego (el sol que se despide). En conjunción, los 4 elementos crean el equilibrio dando una sensación de plenitud a la persona que quiera sumergirse en su interior. Las nubes de tormenta recuerdan a esas tormentas de verano que vienen y se van, este acto de la naturaleza plasmado en el cuadro es el que resucita la nostalgia. El sol que se funde con el horizonte rompe la barrera de lo que sería un cuadro frió y golpea contra el mar para regalarnos el sentimiento de serenidad que buscaríamos en una pintura así. Las montañas, llaman a la perspectiva y nos invitan a pasar unos minutos en estas playas, quedándonos absortos. Creo poder oír las olas del mar después de estar unos minutos mirando el paisaje.
William Gee, se ha topado con la suerte y muy seguramente lo tocó un ángel el día que decidió pintar este cuadro.