«Tierra de Campos» dentro de la Meseta Norte es, posiblemente, una de las zonas geográficas con personalidad más definida dentro de la geografía española. Sus peculiaridades son dos: unas llanuras onduladas donde la arcilla y el cereal son sus señores absolutos, con casi total ausencia de cualquier otra cosa; unos pueblos edificados en barro, los adobes, que por ser de la misma tierra, se mimetizan con el paisaje. No creo que en toda Europa se encuentre algo parecido.
El desafío es pintarlo, y sobre todo, hacerlo, intentando captar, fuera de toda anécdota, sus rasgos esenciales y definitorios.
Y esto es lo que hace Joaquín Vaquero Palacios, pintor asturiano, residente en Madrid y Segovia, pero que, cruzando nuestras tierras desde el tren, capta de una manera maravillosa y esencialista, con toda la fuerza de quien fue conocedor del expresionismo, la verdadera dimensión estética de estas tierras.
En el cuadro que presento, «Adobe y sembrados» de 1978, solamente quiero hacer resaltar algo que pasa desapercibido a los que no son conocedores de esta arquitectura: esos edificios amasados, que se levantan sobre la misma tierra, y frecuentemente no llevan cimientos. La primera hilada, ya sobre el suelo, es de adobe. ¡ Y no se caen!.
Castilla, esta Castilla, es la verticalidad de la tierra que, por mano del hombre, se levanta sobre la otra tierra, la horizontalidad geológica, sin más ayuda que la misma tierra y las manos de los castellanos. Bien pudiera tomarse como una metáfora de otra realidad más profunda de la que ahora no quiero hablar para ser breve.
Y Joaquín Vaquero lo capta. Quiero pensar que él no lo sabe; para ello hay que meter las manos al barro o, cuando menos, fumar algunos celtas con quien lo hace, a media mañana. Lo sorprendente es que nuestro pintor lo capta. Y lo hace desde las ventanillas del tren.
No me extiendo más. La pintura habla sobre sí misma: esencialidad, parquedad de paleta, contundencia. Una interesante manera de entender el paisaje y qué sea eso de la belleza, a la par que una excelente percepción sociológica de esta tierra.
… Perdón, me desdigo: algo más. No hay ventanas en los edificios. ¿Será un reflejo del ensimismamiento castellano, alejado de la periferia donde se cuece la modernidad?. Digamos que a la finura sociológica, Joaquín Vaquero le añade una excelente sensibilidad psicológica.

Este es el pintor. Esta es la tierra.

Joaquín Belmonte